(ZENIT Noticias / Roma, 06.01.2026).- La última auditoría de la televisión estadounidense ha revelado una paradoja que está generando debate en el mundo del entretenimiento: los personajes transgénero aparecen en cantidades ligeramente mayores, pero las historias que se construyen en torno a ellos desaparecen de la pantalla a un ritmo sin precedentes.
Esta contradicción surge del informe anual de GLAAD «Dónde estamos en la televisión», un barómetro de larga trayectoria sobre la visibilidad LGBTQ+ en el entretenimiento convencional. Durante años, el grupo de defensa ha presionado a las cadenas y a los gigantes del streaming para que amplíen el espectro de la representación queer. En 2019, estableció un ambicioso objetivo: para 2025, uno de cada cinco personajes de televisión debería ser LGBTQ+, y la mitad de ese grupo debería ser personas de color. Las principales plataformas —Netflix, Amazon Prime Video, Apple TV+, Disney— se alinearon públicamente con esa visión.
Seis años después, el panorama parece mucho más fragmentado de lo que sugería el optimismo de 2019.
Durante la temporada televisiva 2023-2024, GLAAD contabilizó 24 personajes transgénero, una presencia modesta, pero ocho menos que el año anterior. Cuando la organización publicó su informe de noviembre de 2025, el recuento general en todas las plataformas alcanzó los 489 personajes LGBTQ. De estos, 33 eran transgénero, lo que representa el 6,7 % del total. Sin embargo, solo cuatro de esos 33 pertenecen a programas que volverán para una nueva temporada. El resto está vinculado a producciones que han sido canceladas o no serán renovadas.
Para GLAAD, esto no es una nota a pie de página estadística, sino una señal de alerta. La visibilidad, argumenta el grupo, es hueca si los personajes que la encarnan se limitan a series de corta duración o discontinuadas. La organización también señala que las cadenas de televisión tradicionales están lejos de cumplir los objetivos establecidos hace años: los personajes LGBTQ representan solo el 9,3 % de los papeles principales en esos canales, muy por debajo del objetivo del 20 %.
Las plataformas de streaming, en particular Netflix, insisten en que la narrativa inclusiva refleja las realidades de la sociedad contemporánea. Netflix ha sido considerada durante mucho tiempo como la entidad que más ha adoptado las directrices de GLAAD, mientras que la influencia de Disney se ve amplificada por su alcance entre niños y adolescentes. Sin embargo, esta aceptación de la representación no ha quedado exenta de críticas.
Los críticos, incluidos algunos entrevistados por el Christian Post, argumentan que el auge de contenido con temática LGBTQ+ refleja una ingeniería ideológica más que una observación cultural. Concerned Women for America (CWA), un grupo cristiano de defensa de derechos, publicó recientemente su propio análisis, en el que afirma que 326 series de Netflix promueven temas o narrativas LGBTQ+. Penny Nance, presidenta de CWA, advirtió que incluso la programación infantil está ahora «impregnada» de mensajes basados en la identidad, algo que describe como un alejamiento drástico del papel histórico del entretenimiento juvenil. Muchos padres, afirma, desconocen la magnitud de este cambio.
Las críticas se extienden más allá de Netflix. Jonathan Turley, jurista de la Universidad George Washington, declaró al Christian Post que muchos espectadores conservadores interpretan la dirección creativa de Disney como un intento de moldear la perspectiva ideológica de los niños. GLAAD rechaza rotundamente estas acusaciones, insistiendo en que el contenido inclusivo no es adoctrinamiento político ni un experimento marginal, sino un reflejo de la realidad demográfica. El público más joven, señala el grupo, se identifica cada vez más como queer y se inclina por historias que reflejan sus propias experiencias.
La tensión cultural en torno a estos temas no ha hecho más que intensificarse. En octubre de 2025, Elon Musk instó a los usuarios de su plataforma X a boicotear Netflix, enmarcando su llamado bajo el lema de la «protección infantil». Su intervención subrayó cómo los personajes de ficción, antes meros elementos de entretenimiento, se han convertido en focos de tensión en batallas sociopolíticas más amplias.
A pesar de su considerable influencia en la industria del entretenimiento, GLAAD no ha alcanzado el hito que estableció en 2019. Y el progreso desigual revelado en su último informe sugiere que la lucha por la representación, la autoridad cultural y el futuro de la narrativa está lejos de resolverse. Lo que queda claro es que la televisión, con su poder perdurable para moldear la percepción pública, seguirá siendo un espacio disputado donde el cambio demográfico, la ambición artística y la ansiedad ideológica chocan.
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