(ZENIT Noticias / Roma, 13.02.2026).- El gobierno argentino ha dado un paso diplomático decisivo para el regreso del Papa León XIV a Sudamérica, esta vez no como obispo misionero, sino como Obispo de Roma. El 11 de febrero, el Ministerio de Relaciones Exteriores confirmó que el presidente Javier Milei firmó una invitación formal al pontífice para visitar Argentina en una fecha aún por determinar. La carta fue entregada personalmente en el Vaticano por el canciller Pablo Quirno durante la audiencia general del miércoles.
El gesto se produce en un momento que las autoridades describen como particularmente constructivo en las relaciones bilaterales. En un comunicado público, el gobierno argentino subrayó lo que describió como una tradición de «diálogo franco» y «cooperación constructiva» entre Buenos Aires y la Sede Apostólica, un lenguaje que sitúa la invitación en un marco diplomático de larga data y no como una mera apertura ceremonial.
Me reuní con el Secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Pietro Parolin.
Dialogamos sobre la excelente relación bilateral entre la Argentina y el Vaticano y le reiteré la invitación al Santo Padre para visitar la Argentina.
También le compartí los avances…
— Pablo Quirno (@pabloquirno)
Quirno reafirmó la disposición de Argentina a colaborar con el Vaticano en la promoción de la paz, el entendimiento internacional y la resolución pacífica de conflictos. En el léxico de la diplomacia de la Santa Sede, estos temas no son secundarios. El Vaticano, aunque geográficamente pequeño, opera como un actor global gracias a su autoridad moral, su red de nuncios y su labor de mediación en disputas internacionales. Por lo tanto, una visita papal oficial conlleva no solo un simbolismo espiritual, sino también la fuerza de un gran poder político.
Fuentes cercanas al poder ejecutivo argentino indican que las conversaciones sobre un posible viaje papal comenzaron en 2025, poco después de la transición en el papado. El Papa León XIV pasó casi la mitad de su vida sacerdotal en Perú, donde fue nombrado obispo de Chiclayo por su predecesor. Posteriormente, adquirió la nacionalidad peruana. Esta profunda inmersión pastoral en Latinoamérica se considera ampliamente un puente que facilita el diálogo con los gobiernos regionales, incluida la actual administración argentina.
Si bien no se han confirmado fechas, altos funcionarios en Buenos Aires estiman en privado la probabilidad de una visita en un 70 % o más, siendo el último trimestre del año la ventana más plausible. La ausencia de elecciones nacionales en Argentina, Perú y Uruguay durante ese período se considera ventajosa. Los viajes papales son iniciativas complejas que combinan celebraciones litúrgicas, eventos públicos a gran escala y reuniones formales con jefes de estado. Requieren meses de coordinación entre las autoridades civiles, los organismos de seguridad y la Secretaría de Estado del Vaticano.
En los últimos meses han circulado especulaciones sobre un itinerario más amplio por Latinoamérica. Según fuentes bien fundadas, León XIV está considerando escalas en Perú y en dos países que su predecesor nunca visitó durante su pontificado: Argentina y Uruguay. Para Argentina, en particular, dicha visita tendría una resonancia simbólica. Marcaría la primera vez que León XIV pisa el país como Papa y podría restablecer una relación que, en los últimos años, se ha visto marcada tanto por las fricciones políticas como por la herencia religiosa compartida.
El actual acercamiento diplomático se desarrolla en un contexto de tensiones internas que involucran a la Iglesia y al Estado. En las últimas semanas, las comisiones de Pastoral Social, Pastoral Penitenciaria y Cáritas Argentina de los obispos argentinos emitieron una carta abierta instando a los legisladores a llevar a cabo un debate serio y responsable sobre las reformas propuestas al régimen penal juvenil impulsadas por la coalición gobernante. La carta criticó lo que describió como un clima político en el que el sufrimiento social corre el riesgo de ser instrumentalizado para generar impacto mediático, y advirtió contra soluciones demasiado simplificadas.
La interacción entre la incidencia eclesial y la reforma gubernamental no es nueva en Argentina, un país donde el catolicismo ha moldeado históricamente la vida pública. La última reunión registrada oficialmente entre el presidente Milei y el obispo de la Arquidiócesis de Buenos Aires tuvo lugar a finales de 2024. Ambas figuras estuvieron presentes recientemente en el mismo lugar durante la ceremonia del Te Deum del 25 de mayo de 2025, cuando el arzobispo pronunció una homilía instando a un mayor diálogo entre las facciones políticas y a la atención a las personas mayores y marginadas.
— Cancillería Argentina
En el Vaticano, León XIV ya ha mostrado un enfoque mesurado pero deliberado en sus viajes internacionales. A finales del año pasado, realizó un viaje de cinco días a Turquía y Líbano, sus primeras visitas fuera de Italia. La oficina de prensa de la Santa Sede confirmó esta semana que Mónaco se está considerando como otro destino. Argelia también se está estudiando, al parecer con el doble objetivo de honrar los lugares vinculados a San Agustín y promover el diálogo cristiano-musulmán. Entre las posibles paradas en África se incluyen Guinea Ecuatorial, Camerún y Angola.
Cabe destacar que portavoces del Vaticano aclararon que el Papa no viajará a Estados Unidos, su país natal, este año, alegando las próximas elecciones intermedias y el deseo de evitar cualquier percepción de respaldo político. Esta decisión subraya la sensibilidad de la Santa Sede a la perspectiva del tiempo, un factor igualmente relevante para cualquier posible viaje a Argentina.
El anuncio del Ministerio de Relaciones Exteriores fue rápidamente difundido por el presidente Milei a través de redes sociales, lo que indica un respaldo ejecutivo al más alto nivel. La visita de Quirno a Roma, acompañado por el subsecretario de Culto y Civilización, Agustín Caulo, ya había sugerido un fuerte componente eclesiástico en la agenda diplomática. La dirección de la Secretaría de Culto permanece en transición después de que su anterior titular, Nahuel Sotelo, asumiera un escaño en la legislatura provincial de Buenos Aires, con Caulo sirviendo de forma interina.
Para Argentina, una visita papal representaría más que un hito ceremonial. Se produciría en un momento de tensión económica, debate social y realineamiento político. Para el Vaticano, esto ofrecería una oportunidad de interactuar con una nación cuyas raíces católicas siguen siendo profundas, incluso a medida que avanza la secularización.
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