¿Necesitas perdonar? La respuesta de León XIV a una desgarradora historia de crimen, drogas y abandono que conmovió a España

administrador Avatar

(ZENIT Noticias / Barcelona, 09.06.2026).- El lunes 8 de junio, en el contexto de la vigilia de oración con fieles de diócesis catalanas en el Estadio Olímpico de Barcelona, León XIV escuchó los testimonios y preguntas de 3 jóvenes. Desiré fue una de las que habló y conmovió a los 40 mil asistentes a la vigilia, arrancando aplausos de empatía en diferentes momentos. La razón fue su desgarradora historia: un padre en la cárcel por haber intentado asesinar a su madre; una madre drogadicta y ella en un hogar de acogida. A la conmovedora pregunta le siguió la profunda respuesta del Papa sobre el perdón. Ofrecemos a continuación ambas.

***

Pregunta: Buenas noches Santo Padre. Vengo de una familia de un barrio muy humilde de Barcelona. De pequeña mi padre intentó matar a mi madre, y se salvó porque se interpuso un chico que murió. Mi padre ingresó en la cárcel, y mi madre entró en el mundo de las drogas. A los diez años los servicios sociales se hicieron cargo de mí, y me llevaron al centro de menores de San José de la Montaña. Al principio fue duro, pues me había creado un muro para protegerme, donde no dejaba entrar a nadie. Pero poco a poco experimenté por primera vez el amor de familia, y mi corazón se fue abriendo. Allí me hablaron de Jesús, empecé a rezar y me bauticé. Pero en mi adolescencia me rebelé contra Dios muchas veces. Me invitaron a un retiro y allí por primera vez experimenté el amor de Dios. Pero han pasado unos meses, y aún me cuesta perdonar a mi padre. Y a veces levanto los ojos al cielo y le pregunto ¿dónde estabas cuando era una niña? Santo Padre, ¿cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?

***

Respuesta del Papa León XIV:

Gracias por tu testimonio y gracias también por la pregunta sobre el perdón. Es realmente un signo de la gracia de Dios que esta pregunta surja de un pasado tan marcado por el sufrimiento y que, a pesar del dolor, se tenga la valentía de preguntar cómo es posible perdonar a quien nos ha hecho mal. Quisiera decir también aquí dos cosas.

La primera completa lo que decía anteriormente sobre la presencia de Dios en las horas de nuestro sufrimiento; en el fondo también tú expresas esta pregunta respecto a tu infancia, pero el contexto en el que han pasado los acontecimientos de tu vida nos pide ampliar el radio de nuestra pregunta: ¿debemos preguntarnos “dónde estaba Dios” o debemos interrogarnos sobre el hombre y sobre la humanidad, sobre cómo a veces somos prisioneros del mal hasta llegar a ser violentos con los demás, sobre cómo no logramos cultivar el amor y respetar a los demás en su dignidad y libertad?

Tantas crónicas policiales, todavía hoy, reflejan un clima envenenado en las relaciones familiares de abusos y opresiones, y en particular de violencia contra las mujeres, que a menudo desembocan lamentablemente también en feminicidios. Esta realidad dramática, que tiene raíces antropológicas y culturales estamos llamados a abordarla todos, sea personalmente, sea como sociedad, porque a nosotros nos corresponde afrontarla en todas sus dimensiones.

No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad; no podemos imaginar que Dios desde lo alto responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda; Él nos ha dotado de inteligencia y voluntad, nos ha dado una conciencia, nos ha revestido de dignidad y de libertad, y sobre todo ha venido a nuestro encuentro para indicarnos, en su Hijo Jesucristo, el camino a seguir para que nuestra vida sea plenamente humana y en nuestra sociedad reinen la justicia, la paz y la fraternidad. Nos ha dado su mismo Espíritu, precisamente para que el amor sea la clave de todas nuestras relaciones humanas. Si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, debemos hacernos algunas preguntas a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios.

Una segunda cosa se refiere al perdón. Debemos aprender a mirar el perdón, poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso, de un camino. El mismo Evangelio, si lo leemos como un libro de indicaciones, de mandamientos y de deberes, corre el riesgo de causarnos mucho desánimo y frustración, porque Jesús nos invita al perdón y nosotros experimentamos que no somos capaces. En cambio, no es así. El perdón sobre todo debemos invocarlo del Señor; seguir pidiendo —tal vez durante toda la vida— que el Señor amplíe en nosotros el espacio del amor precisamente allí donde hemos sido heridos, que nos ayude a reconciliarnos con nosotros mismos y con esa parte de nuestra historia marcada por el sufrimiento, que lentamente transforme el resentimiento en misericordia y compasión.

Es un camino largo, es un proceso que requiere mucha paciencia, es un trabajo que debemos hacer con nosotros mismos, tanto personalmente como por medio de otros itinerarios de acompañamiento y también reconciliación interior. Y es necesario no desanimarse: en el perdón se avanza con pequeños pasos. La reconciliación con la historia es gradual y, sobre todo, no debemos pensar que el perdón equivalga siempre y en todos los casos a volver a la situación anterior o a vivir una relación plena con quienes nos han herido, especialmente cuando el hecho ha sido marcado también por la violencia. Se puede permanecer en la buena disposición del corazón hacia la persona, rechazar toda forma de odio o de venganza, esforzarse por reparar la relación en la medida de lo posible y, quizá, rezar por él o por ella: todo esto nos ayuda a entrar cada vez más en la dinámica del perdón y a reconciliarnos con Dios y con los demás. Somos pecadores perdonados, estamos en paz y somos capaces de perdonar. Capaces de ser portadores de paz.

Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.

 

 

 

The post ¿Necesitas perdonar? La respuesta de León XIV a una desgarradora historia de crimen, drogas y abandono que conmovió a España appeared first on ZENIT – Espanol.

 Avatar

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *