Las 3 virtudes teologales aplicadas al cambio climático y la protección ambiental, según León XIV

administrador Avatar

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 16.06.2026).- En ocasión del X «Austrian World Summit» (Cumbre Mundial Austriaca), el Papa León XIV se ha hecho presente a través de un video mensaje. El Santo Padre ha querido relacionar las virtudes teologales con la cuestión ambiental. Ofrecemos a continuación la traducción al castellano del video mensaje del Papa:

***

Me complace saludar a todos los que participan en la décima Cumbre Mundial de Austria. La sostenibilidad, la ecología integral y el cuidado de la creación son temas de interés desde hace muchas décadas. La Iglesia siempre ha sido consciente de que la cuestión ecológica tiene una dimensión moral. De hecho, la crisis ambiental «no se trata de una cuestión sectorial, sino del aspecto ecológico de la crisis socioeconómica contemporánea» (Magnifica humanitas, n.º 23).

En sus esfuerzos por responder a la crisis actual, quisiera animarlos a no perder de vista este amplio contexto y sugerirles tres temas basados en las virtudes cristianas de la fe, la esperanza y la caridad, que, en mi opinión, pueden contribuir al trabajo de su Cumbre.

I

Me gustaría comenzar por la fe. Aunque para algunos la fe parezca tener poco que aportar a las cuestiones del cambio climático y la protección ambiental, la dimensión religiosa es, de hecho, esencial para abordar estos temas de manera adecuada. Quien cree que nuestro mundo fue creado por Dios y es intrínsecamente bueno se siente impulsado a asumir una responsabilidad aún mayor en el cuidado de la creación, pues así lo exige su fe: «Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa; no constituye algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana» (Papa Francisco, Laudato si’, n.º 217). Además, los creyentes de muchas tradiciones entienden la «creación» como un don divino. Del mismo modo, diversas religiones afirman que la vida es sagrada y que, por lo tanto, debe ser respetada. Por lo tanto, podemos decir que la fe religiosa refuerza el deseo general de proteger la vida y de cuidar la naturaleza.

Esta visión subraya los profundos fundamentos éticos sobre los que llamé la atención en mi Carta Encíclica Magnifica humanitas, publicada recientemente, a saber, la dignidad igualitaria de todos los seres humanos y el valor de los derechos humanos fundamentales, los cuales pueden garantizarse adecuadamente mediante la correcta aplicación de los principios del bien común, la destinación universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social (cfr. Magnifica humanitas, n. 51-81). Requiere que «sean analizados conjuntamente, para que se evidencie con claridad cómo se reclaman y se iluminan mutuamente» (Ibídem, n.º 46). Estos temas personales y sociales fundamentales están íntimamente relacionados con la crisis climática, la cual, como he señalado, es una manifestación —y además crítica— de la crisis socioeconómica en general. De hecho, a menos que se aborden, ninguna solución técnica para proteger el medio ambiente tendrá la posibilidad de alcanzar el objetivo deseado. En este sentido, debemos prestar especial atención a los más pobres y a quienes son más vulnerables a la degradación ambiental. Quisiera animarlos a tenerlos siempre presentes en la evaluación, planificación y ejecución de posibles proyectos.

II

Esto me lleva al segundo tema: la esperanza. Dada la naturaleza global de los desafíos que enfrentamos, es evidente que muchas personas están preocupadas. De hecho, existe una creciente conciencia de que la paz se ve amenazada por la falta de respeto hacia la creación, por el saqueo de los recursos naturales y por un deterioro progresivo de la calidad de vida debido al cambio climático. Estos desafíos requieren cooperación internacional, junto con un multilateralismo cohesivo y con visión de futuro, a fin de encontrar soluciones eficaces.

Sin embargo, con frecuencia, en las deliberaciones y negociaciones relacionadas con estos temas surgen diversos temores: el miedo a cambiar de rumbo, el miedo a perder poder y el miedo a resultados inciertos. Solo superando esos temores podremos trabajar juntos para encontrar las soluciones adecuadas. Es aquí, en mi opinión, donde los líderes y las comunidades religiosas pueden ofrecer una perspectiva especial para respaldar esfuerzos sociales y ambientales ambiciosos, ya que la Biblia está llena de ejemplos de cómo los temores de las personas pueden ser vencidos por la esperanza, que en el fondo es un don de Dios mismo.

https://www.instagram.com/p/DZpST4lDBWR/?igsh=MndkMnRmZzExMnp4

Desde esta perspectiva, por lo tanto, a pesar de los detractores o los cínicos, la esperanza puede ser una fuerza motriz poderosa. En este sentido, no solo es deseable, sino también realmente posible, que los avances de la COP30 den lugar a una transición justa hacia sociedades en las que el bien común tenga prioridad sobre las ganancias y en las que los modelos económicos estén arraigados en la solidaridad y la dignidad humana. Sin embargo, esto exige que los países más ricos cumplan con su obligación de apoyar financieramente a los países más pobres. Además, necesitamos el desarrollo de un nuevo marco financiero internacional centrado en la persona, para asegurar que todos los países, especialmente los más pobres y los más vulnerables a los desastres climáticos, puedan alcanzar su pleno potencial, respetando la dignidad de sus ciudadanos (cfr. Mensaje del Santo Padre a la trigésima sesión de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), 7 de noviembre de 2025).

III

Y, por último, paso al tema de la caridad. Quisiera subrayar la importancia de cultivar una auténtica cultura del cuidado del medio ambiente, que incluya lo que el Papa Francisco ha definido como «amor civil y político» (cfr. Laudato si’, n.º 228-232). Este amor es la clave para un auténtico desarrollo: «“Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social —a nivel político, económico, cultural— haciéndolo la norma constante y suprema de la acción” […]. En este marco contexto, junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad» (Laudato si’, n.º 231). Espero que sus deliberaciones promuevan esta cultura del cuidado y, de ese modo, contribuyan a la civilización del amor.

Queridos amigos, con estas reflexiones centradas en la fe, la esperanza y la caridad, rezo para que su Cumbre sea fructífera en la promoción del diálogo tan necesario para buscar soluciones eficaces que protejan el maravilloso don de la creación, e invoco de buen grado sobre todos ustedes los dones de Dios: la sabiduría y la paz.

Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.

 

 

 

The post Las 3 virtudes teologales aplicadas al cambio climático y la protección ambiental, según León XIV appeared first on ZENIT – Espanol.

 Avatar

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *