{"id":1896,"date":"2024-04-16T23:01:28","date_gmt":"2024-04-16T23:01:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.catolicosporlafe.com\/wp\/2024\/04\/16\/asi-explica-el-papa-francisco-la-virtud-cardinal-de-la-templanza\/"},"modified":"2024-04-17T23:16:54","modified_gmt":"2024-04-17T23:16:54","slug":"asi-explica-el-papa-francisco-la-virtud-cardinal-de-la-templanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.catolicosporlafe.com\/wp\/2024\/04\/16\/asi-explica-el-papa-francisco-la-virtud-cardinal-de-la-templanza\/","title":{"rendered":"As\u00ed explica el Papa Francisco la virtud cardinal de la templanza"},"content":{"rendered":"<p>(ZENIT Noticias \/ Ciudad del Vaticano, 17.04.2024).- Por la ma\u00f1ana del mi\u00e9rcoles 17 de abril, el Papa Francisco celebr\u00f3 la audiencia general en la Plaza de San Pedro. En esta ocasi\u00f3n dedic\u00f3 el tema de su catequesis, la n\u00famero 15 sobre el tema de los vicios y las virtudes, a la virtud cardinal de la templanza. A continuaci\u00f3n el texto de la catequesis traducido al castellano:<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p><p>Hoy hablar\u00e9 de la cuarta y \u00faltima virtud cardenal: la templanza. Esta virtud comparte con las otras tres una historia que se remonta muy atr\u00e1s en el tiempo y no pertenece s\u00f3lo a los cristianos. Para los griegos, la pr\u00e1ctica de las virtudes ten\u00eda como meta la felicidad. El fil\u00f3sofo Arist\u00f3teles escribi\u00f3 su tratado m\u00e1s importante sobre \u00e9tica para su hijo Nic\u00f3maco, con el fin de instruirlo en el arte de vivir. \u00bfPor qu\u00e9 todos buscamos la felicidad y, sin embargo, tan pocos la alcanzan? Esta es la pregunta. Para responderla, Arist\u00f3teles aborda el tema de las virtudes, entre las que ocupa un lugar de relieve la\u00a0enkr\u00e1teia, es decir, la templanza. <strong>El t\u00e9rmino griego significa literalmente \u201cpoder sobre s\u00ed mismo\u201d. La templanza es un poder sobre s\u00ed mismo. Esta virtud es, por lo tanto, la capacidad de autodominio, el arte de no dejarse arrollar por las pasiones rebeldes, de poner orden en lo que Manzoni llama \u00abel revoltijo del coraz\u00f3n humano\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p>El\u00a0Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica\u00a0nos dice que \u00abla templanza es la virtud moral que modera la atracci\u00f3n de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados\u00bb. \u00abElla \u2013 contin\u00faa el\u00a0Catecismo\u00a0\u2013 asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los l\u00edmites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreci\u00f3n y no se deja arrastrar para seguir la pasi\u00f3n de su coraz\u00f3n\u00bb (n. 1809).<\/p>\n<p><p>Entonces, <strong>la templanza, como dice la palabra italiana, es la virtud de la justa medida. En cada situaci\u00f3n, se porta con sabidur\u00eda, porque las personas que act\u00faan movidas por el \u00edmpetu o la exuberancia son, en \u00faltima instancia, poco fiables. Las personas sin templanza son siempre poco fiables. En un mundo en el que tanta gente se jacta de decir lo que piensa, la persona templada prefiere, en cambio, pensar lo que dice.<\/strong> \u00bfEntienden la diferencia? No digo lo que se me ocurre, as\u00ed sin m\u00e1s; no: pienso lo que tengo que decir. Asimismo, quien practica la templanza no hace promesas vac\u00edas, sino que asume compromisos en la medida en que puede cumplirlos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en los placeres, la persona templada act\u00faa juiciosamente. El libre curso dado a los impulsos y la total licencia concedida a los placeres acaban volvi\u00e9ndose contra nosotros mismos, sumi\u00e9ndonos en un estado de aburrimiento. \u00a1Cu\u00e1ntas personas que han querido probarlo todo vorazmente se han encontrado con que han perdido el gusto por todo! Mejor entonces buscar la justa medida: por ejemplo, para apreciar un buen vino, es mejor saborearlo a peque\u00f1os sorbos que trag\u00e1rselo todo de golpe. Todos sabemos esto.<\/p>\n<p><p><strong>La persona templada sabe pesar y dosificar bien las palabras. Piensa en lo que dice. No permite que un momento de ira arruine relaciones y amistades que luego s\u00f3lo pueden reconstruirse con gran esfuerzo.<\/strong> Especialmente en la vida familiar, donde las inhibiciones son menores, todos corremos el riesgo de no mantener bajo control las tensiones, las irritaciones, la ira. Hay un momento para hablar y otro para callar, pero ambos requieren la justa medida. Y esto se aplica a muchas cosas, como por ejemplo el estar con otros y el estar solos.<\/p>\n<p><strong>Aunque la persona templada sabe controlar su irascibilidad, esto no significa que se la vea perennemente con un rostro pac\u00edfico y sonriente. De hecho, a veces es necesario indignarse, pero siempre de la manera correcta. Estas son las palabras: la justa medida, la manera correcta. Una palabra de reproche a veces es m\u00e1s saludable que un silencio agrio y rencoroso. La persona templada sabe que no hay nada m\u00e1s inc\u00f3modo que corregir a otro, pero tambi\u00e9n sabe que es necesario:<\/strong> de lo contrario se estar\u00eda dando rienda suelta al mal. En ciertos casos, la persona templada consigue mantener unidos los extremos: afirma principios absolutos, reivindica valores innegociables, pero tambi\u00e9n sabe comprender a las personas y mostrar empat\u00eda por ellas. Muestra empat\u00eda.<\/p>\n<p><p><strong>El don de la persona templada es, por tanto, el equilibrio, una cualidad tan valiosa como rara. De hecho, en nuestro mundo todo empuja al exceso<\/strong>. En cambio, la templanza se lleva bien con actitudes evang\u00e9licas como la peque\u00f1ez, la discreci\u00f3n, el escondimiento, la mansedumbre. Quien es templado aprecia la estima de los dem\u00e1s, pero no hace de ella el \u00fanico criterio de cada acci\u00f3n y de cada palabra. Es sensible, sabe llorar y no se averg\u00fcenza de ello, pero no llora sobre s\u00ed mismo. Derrotado, se levanta; victorioso, es capaz de volver a su antigua vida escondida. No busca el aplauso, pero sabe que necesita de los dem\u00e1s.Hermanos y hermanas, no es cierto que la templanza nos vuelva grises y sin alegr\u00eda. Al contrario, hace que uno disfrute mejor de los bienes de la vida: estar juntos en la mesa, la ternura de ciertas amistades, la confianza con las personas sabias, el asombro ante la belleza de la creaci\u00f3n. La felicidad con templanza es alegr\u00eda que florece en el coraz\u00f3n de quien reconoce y valora lo que m\u00e1s importa en la vida. Recemos al Se\u00f1or para que nos d\u00e9 este don: el don de la madurez, de la madurez de la edad, de la madurez afectiva, de la madurez social. El don de la templanza.<\/p>\n<p><strong><em>Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a trav\u00e9s de<\/em><\/strong><\/p>\n<p>The post <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT Noticias \/ Ciudad del Vaticano, 17.04.2024).- Por la ma\u00f1ana del mi\u00e9rcoles 17 de abril, el Papa Francisco celebr\u00f3 la audiencia general en la Plaza de San Pedro. 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