{"id":6002,"date":"2026-01-08T00:33:11","date_gmt":"2026-01-08T00:33:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.catolicosporlafe.com\/wp\/2026\/01\/08\/leon-xiv-a-cardenales-no-estamos-aqui-para-promover-agendas-personales-o-grupales\/"},"modified":"2026-01-09T00:56:56","modified_gmt":"2026-01-09T00:56:56","slug":"leon-xiv-a-cardenales-no-estamos-aqui-para-promover-agendas-personales-o-grupales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.catolicosporlafe.com\/wp\/2026\/01\/08\/leon-xiv-a-cardenales-no-estamos-aqui-para-promover-agendas-personales-o-grupales\/","title":{"rendered":"Le\u00f3n XIV a cardenales: \u201cno estamos aqu\u00ed para promover \u201cagendas\u201d personales o grupales\u201d"},"content":{"rendered":"<p>(ZENIT Noticias \/ Ciudad del Vaticano, 08.01.2026).- Por la ma\u00f1ana del jueves 8 de enero, el Papa Le\u00f3n XIV presidi\u00f3 la concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica con los cardenales reunidos en Roma para el consistorio del 7 y 8 de enero de 2025. La misa tuvo lugar en el altar de la c\u00e1tedra y fue el mismo Santo Padre quien ofreci\u00f3 la homil\u00eda que ofrecemos a continuaci\u00f3n traducida al castellano:<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p><p>\u00abQueridos m\u00edos, am\u00e9monos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios\u00bb (1 Jn\u00a04,7). La liturgia nos propone esta exhortaci\u00f3n mientras celebramos el consistorio extraordinario, un momento de gracia en el que expresamos nuestra uni\u00f3n al servicio de la Iglesia.<\/p>\n<p>Como sabemos, la palabra Consistorio,\u00a0Consistorium, \u201casamblea\u201d, puede ser le\u00edda a la luz de la ra\u00edz del verbo\u00a0consistere, es decir, \u201cdetenerse\u201d. En efecto, <strong>todos nosotros nos hemos \u201cdetenido\u201d para estar aqu\u00ed; hemos suspendido durante un tiempo nuestras actividades y renunciado a compromisos incluso importantes, para reunirnos y discernir juntos lo que el Se\u00f1or nos pide por el bien de su Pueblo. Esto es en s\u00ed mismo un gesto muy significativo, prof\u00e9tico, especialmente en el contexto de la sociedad fren\u00e9tica en la que vivimos<\/strong>. De hecho, <strong>recuerda la importancia, en cada trayecto de la vida, de detenerse para orar, escuchar, reflexionar y as\u00ed volver a enfocar cada vez mejor la mirada en la meta, dirigiendo hacia ella todos los esfuerzos y recursos, para no correr el riesgo de correr a ciegas o dar golpes en el aire, como advierte el ap\u00f3stol Pablo<\/strong> (cf.\u00a01 Co\u00a09,26). De hecho, <strong>no estamos aqu\u00ed para promover \u201cagendas\u201d \u2014personales o grupales\u2014, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera<\/strong> \u00abcomo el cielo se alza por encima de la tierra\u00bb (Is\u00a055,9) y que solo puede venir del Se\u00f1or.<\/p>\n<p><p>Por eso es importante que ahora, en la Eucarist\u00eda, pongamos todos nuestros deseos y pensamientos sobre el altar, junto con el don de nuestra vida, ofreci\u00e9ndolos al Padre en uni\u00f3n con el sacrificio de Cristo, para recobrarlos purificados, iluminados, fundidos y transformados, por la gracia, en un \u00fanico pan. Solo as\u00ed, de hecho, sabremos realmente escuchar su voz, acogi\u00e9ndola en el don que somos los unos para los otros, que es el motivo por el cual nos hemos reunido.<\/p>\n<p><strong>Nuestro Colegio, aunque rico en muchas capacidades y dones notables, no est\u00e1 llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe, en la que los dones que cada uno aporta, ofrecidos al Se\u00f1or y devueltos por \u00c9l, produzcan el m\u00e1ximo fruto, seg\u00fan su Providencia<\/strong>.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo, el amor de Dios, del que somos disc\u00edpulos y ap\u00f3stoles, es amor \u201ctrinitario\u201d, \u201crelacional\u201d, fuente de aquella espiritualidad de comuni\u00f3n de la que la Esposa de Cristo vive y quiere ser casa y escuela (cf. Carta ap.\u00a0Novo millennio ineunte, 43). San Juan Pablo II, deseando su crecimiento al comienzo del tercer milenio, la defini\u00f3 como una \u00abuna mirada del coraz\u00f3n sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida tambi\u00e9n en el rostro de los hermanos que est\u00e1n a nuestro lado\u00bb (ib\u00edd.).<\/p>\n<p><p><strong>Nuestro \u201cdetenernos\u201d,<\/strong> entonces, <strong>es, ante todo, un gran acto de amor \u2014a Dios, a la Iglesia y a los hombres y mujeres de todo el mundo\u2014 con el cual dejarnos moldear por el Esp\u00edritu, primero en la oraci\u00f3n y en el silencio, pero tambi\u00e9n mir\u00e1ndonos a los ojos, escuch\u00e1ndonos unos a otros y haci\u00e9ndonos voz, a trav\u00e9s del compartir, de todos aquellos que el Se\u00f1or ha confiado a nuestro cuidado como pastores, en las m\u00e1s diversas partes del mundo<\/strong>. Un acto que hay que vivir con coraz\u00f3n humilde y generoso, conscientes de que es por gracia que estamos aqu\u00ed y no hay nada de lo que tenemos, que no hayamos recibido como don y talento que no se debe desperdiciar, sino emplear con prudencia y valent\u00eda (cf.\u00a0Mt\u00a025,14-30).<\/p>\n<p>San Le\u00f3n Magno ense\u00f1aba que \u00abEs algo grande y muy valioso ante los ojos del Se\u00f1or cuando todo el pueblo de Cristo se dedica conjuntamente a los mismos deberes, y todos los grados y todos los \u00f3rdenes, [\u2026] colaboran con un mismo esp\u00edritu [\u2026]. Entonces \u2015 dec\u00eda\u2015 se alimenta a los hambrientos, se viste a los desnudos, se visita a los enfermos, y nadie busca sus propios intereses, sino los de los dem\u00e1s\u00bb (Serm\u00f3n\u00a088,4). <strong>Este es el esp\u00edritu con el que queremos trabajar juntos: el de quienes desean que, en el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, cada miembro coopere ordenadamente al bien de todos<\/strong> (cf.\u00a0Ef\u00a04,11-13), <strong>desempe\u00f1ando con dignidad y en plenitud su ministerio bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu, feliz de ofrecer y ver madurar los frutos de su trabajo, as\u00ed como de recibir y ver crecer los de la actividad de los dem\u00e1s<\/strong> (cf. S. Le\u00f3n Magno,\u00a0Serm\u00f3n,\u00a088,5).<\/p>\n<p><p>Desde hace dos mil a\u00f1os, la Iglesia encarna este misterio en su multifac\u00e9tica belleza (cf. Francisco, Carta enc.\u00a0Fratelli tutti, 280). Esta misma asamblea es testimonio de ello, en la variedad de procedencias y edades y en la unidad de gracia y fe que nos re\u00fane y nos hermana.<\/p>\n<p>Por supuesto, tambi\u00e9n nosotros, ante la \u201cgran multitud\u201d de una humanidad hambrienta de bien y de paz, en un mundo en el que la saciedad y el hambre, la abundancia y la miseria, la lucha por la supervivencia y el desesperado vac\u00edo existencial siguen dividiendo e hiriendo a las personas, a las naciones y a las comunidades, ante las palabras del Maestro: \u00abDenles de comer ustedes mismos\u00bb (Mc\u00a06,37), podemos sentirnos como los disc\u00edpulos: inadecuados y sin medios. Sin embargo, Jes\u00fas vuelve a repetirnos: \u00ab\u00bfCu\u00e1ntos panes tienen ustedes? Vayan a ver\u00bb (Mc\u00a06,38), y esto lo podemos hacer juntos. De hecho, <strong>no siempre conseguiremos encontrar soluciones inmediatas a los problemas que debemos afrontar. Sin embargo, siempre, en cualquier lugar y circunstancia, podremos ayudarnos mutuamente \u2014y en particular ayudar al Papa\u2014 a encontrar los \u201ccinco panes y los dos peces\u201d que la Providencia nunca hace faltar cuando sus hijos piden ayuda; y acogerlos, entregarlos, recibirlos y distribuirlos, enriquecidos con la bendici\u00f3n de Dios, la fe y el amor de todos, para que a nadie le falte lo necesario<\/strong> (cf.\u00a0Mc\u00a06,42).<\/p>\n<p><p>Queridos hermanos, <strong>lo que ustedes ofrecen a la Iglesia con su servicio, a todos los niveles, es algo grande y extremadamente personal y profundo, \u00fanico para cada uno y valioso para todos; y la responsabilidad que comparten con el Sucesor de Pedro es grave y onerosa<\/strong>.<\/p>\n<p>Por ello les doy las gracias de todo coraz\u00f3n. Quisiera concluir encomendando nuestro trabajo y nuestra misi\u00f3n al Se\u00f1or con las palabras de san Agust\u00edn: \u00abMuchas cosas nos concedes cuando oramos; mas cuanto de bueno hemos recibido antes de que or\u00e1semos, de ti lo recibimos, y el que despu\u00e9s lo hayamos conocido, de ti lo recibimos tambi\u00e9n [\u2026]. Pero acu\u00e9rdate, Se\u00f1or, de que somos polvo y que de polvo hiciste al hombre\u00bb (Confesiones, 10, 31, 45). Por eso te decimos: \u00abda lo que mandas y manda lo que quieras\u00bb (ib\u00edd.).<\/p>\n<p><strong><em>Gracias por leer nuestros contenidos. 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