{"id":6447,"date":"2026-04-07T00:04:14","date_gmt":"2026-04-07T00:04:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.catolicosporlafe.com\/wp\/2026\/04\/07\/por-que-cada-vez-mas-personas-se-convierten-al-catolicismo-esta-pascua\/"},"modified":"2026-04-07T00:04:14","modified_gmt":"2026-04-07T00:04:14","slug":"por-que-cada-vez-mas-personas-se-convierten-al-catolicismo-esta-pascua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.catolicosporlafe.com\/wp\/2026\/04\/07\/por-que-cada-vez-mas-personas-se-convierten-al-catolicismo-esta-pascua\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 cada vez m\u00e1s personas se convierten al catolicismo esta Pascua?"},"content":{"rendered":"<p><em>Cardenal Vincent Nichols<\/em><\/p>\n<p>(ZENIT Noticias \u2013 <a href=\"https:\/\/thecatholicherald.com\/\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?hl=es&amp;q=https:\/\/thecatholicherald.com\/&amp;source=gmail&amp;ust=1775693051585000&amp;usg=AOvVaw1OQIwsxpP4M5WKU1xPCUJj\">The Catholic Herald<\/a> \/ Londres, 07.04.2026).- En la Vigilia Pascual, en muchas iglesias, numerosas personas se acercan para ser bautizadas o para ser recibidas en la plena comuni\u00f3n de la Iglesia Cat\u00f3lica. En el Reino Unido, esta cifra va en aumento. De hecho, tengo entendido que en la Di\u00f3cesis de Westminster se ha duplicado en los \u00faltimos dos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero esto va m\u00e1s all\u00e1 de las cifras. Cada una de estas personas que se presenta, a menudo con timidez, ha realizado un profundo viaje interior, mental y espiritual. El paso que dan representa un cambio en su perspectiva de la vida, radical para quienes se acercan a la fe y al bautismo, y menos dr\u00e1stico para quienes ya est\u00e1n bautizados y se integran a la comunidad de la Iglesia Cat\u00f3lica, siendo acogidos por ella.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo podemos reflexionar sobre la maravilla de estos viajes personales? \u00bfEs posible identificar algunos rasgos comunes?<\/p>\n<p>Cada una es una respuesta personal a un llamado de Dios, y la acci\u00f3n de la gracia de Dios en nuestras vidas revela algunas de las verdades m\u00e1s profundas y duraderas de qui\u00e9nes somos, de nuestros or\u00edgenes y de nuestro destino.<\/p>\n<p>A lo largo de los a\u00f1os, he conocido a cientos de personas en el Rito de Elecci\u00f3n, cuando se re\u00fanen en las catedrales al comienzo de su camino hacia la Pascua. Estas y otras conversaciones me han llevado a reflexionar a menudo sobre los patrones recurrentes que se han hecho evidentes.<\/p>\n<p>Encuentro que en estas conversaciones surgen repetidamente cuatro dimensiones. Para mayor claridad, las presento aqu\u00ed en orden. Sin embargo, desempe\u00f1an un papel importante en cualquier orden, o combinadas, algunas con mayor relevancia que otras. Creo que debemos tenerlas en cuenta como factores clave para guiar a otros hacia el gran don de la fe.<\/p>\n<p>En primer lugar, he notado que pocas personas, si acaso alguna, emprenden este camino solas. Van acompa\u00f1adas: por amigos, seres queridos o, al menos, por alguien de su grupo parroquial. El cari\u00f1o entre ellas es tan evidente y tan valioso. Este camino hacia la fe, entonces, tiene mucho que ver con la pertenencia. \u00bfA qui\u00e9n pertenezco realmente? \u00bfA qui\u00e9n puedo acudir? \u00bfEn qui\u00e9n puedo confiar? Estas son preguntas cruciales en una \u00e9poca que exalta la autonom\u00eda del individuo, ya sea en cuestiones de verdad o de vida o muerte, como en los debates sobre el aborto o el suicidio asistido.<\/p>\n<p>Sin embargo, no somos individuos aislados. Insistir radicalmente en esto es perpetuar una mentira. Pertenecemos los unos a los otros, en c\u00edrculos que nos dan vida. No podemos estar solos. No hemos sido creados as\u00ed.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la b\u00fasqueda de pertenencia, de aceptaci\u00f3n, de inclusi\u00f3n, suele desempe\u00f1ar un papel fundamental en el camino hacia la fe. Esto se debe a que dicha b\u00fasqueda nos lleva a la fuente de toda pertenencia, al origen de nuestra vida como don de Dios, quien nos ha creado como sus hijas e hijos, como hermanas y hermanos, unidos en el don com\u00fan de la vida. Realmente pertenecemos. Poco a poco, llegamos a reconocer esta verdad de la vida y c\u00f3mo, en el misterio de Dios, manifestado en Cristo, estamos unidos.<\/p>\n<p>Otra dimensi\u00f3n de este camino hacia la fe se desprende l\u00f3gicamente de la primera, pero tambi\u00e9n puede sostenerse por s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Somos seres que buscamos sentido. Nos perturba el caos, la falta de orden, la vida sin forma. Queremos saber qu\u00e9 es fiable, firme, algo que nos permita orientar nuestro camino. La sociedad nos ofrece muchos proyectos: carreras profesionales, progreso en el bienestar material, logros reconocidos y otras maneras de obtener estima y estatus.<\/p>\n<p>Sin embargo, estas cosas pueden desvanecerse como la niebla matutina. \u00bfNo hay nada m\u00e1s?<\/p>\n<p>Nuestra fe nos ofrece un horizonte que nos permite orientar nuestro camino y nuestros esfuerzos. Es el horizonte del cielo y del reino que emerge aqu\u00ed en la tierra. El cristiano conoce el verdadero prop\u00f3sito de la vida y, por lo tanto, posee criterios para juzgar sus acciones e intenciones. La Iglesia, en su ense\u00f1anza, en su tradici\u00f3n de discernimiento, en sus santos, en su arte y poes\u00eda, abre a muchos un atisbo del verdadero sentido de la vida, gui\u00e1ndolos desde las incertidumbres de hoy hacia un estilo de vida m\u00e1s consciente y con prop\u00f3sito. Y en Cristo Jes\u00fas tenemos nuestro camino. \u00c9l es nuestra senda hacia la plenitud.<\/p>\n<p>Otra dimensi\u00f3n que vale la pena considerar es la belleza del catolicismo. Cada d\u00eda, cientos de personas entran en la Catedral de Westminster. Para muchos, es la primera vez que entran en una iglesia, tal vez en mucho tiempo o incluso en su vida. \u00bfQu\u00e9 es lo que les impacta?<\/p>\n<p>A menudo me dicen: es el espacio, la paz, la belleza. \u00ab\u00a1Estoy fascinado!\u00bb<\/p>\n<p>Fuimos creados para apreciar la belleza, para sentirnos atra\u00eddos por ella, para conmovernos profundamente ante ella. Puede tratarse de la belleza de la naturaleza, la que vemos en la persona amada, la del arte, la m\u00fasica y la poes\u00eda. Sin embargo, esta apreciaci\u00f3n no es un instinto adquisitivo. Quien, al contemplar una obra de arte, la desea inmediatamente para s\u00ed mismo, se inclina m\u00e1s hacia la adquisici\u00f3n que hacia la apreciaci\u00f3n. Por el contrario, la respuesta verdaderamente humana ante la belleza es el asombro, la admiraci\u00f3n, la apertura del coraz\u00f3n y la mente. Ante la verdadera belleza, me trasciendo a otro mundo.<\/p>\n<p>Hoy, esta belleza es un poderoso camino hacia Dios. \u00bfC\u00f3mo podemos asegurarnos de que nuestras iglesias sean, en efecto, lugares de belleza? \u00bfQue los momentos en que la belleza puede ser sobrecogedora no se minimicen, sino que se valoren?<\/p>\n<p>Me parece que la apreciaci\u00f3n de la belleza, en todas sus formas, suele ir acompa\u00f1ada de un anhelo de silencio. Es en esa presencia silenciosa y mutua donde la belleza despliega su magia. Sin embargo, hoy en d\u00eda es tan dif\u00edcil alcanzar el silencio. Para enriquecer el camino de la belleza, debemos asegurarnos de que haya momentos de silencio en nuestras vidas y en nuestras liturgias. Hace poco le\u00ed un verso maravilloso de Gerard Manley Hopkins: \u00ab\u00a1Silencio elegido, c\u00e1ntame!\u00bb. Pertenece a su poema \u00abH\u00e1bitos de perfecci\u00f3n\u00bb y merece la pena leerlo. A menudo es en el silencio donde o\u00edmos la llamada de Dios, la m\u00fasica que nos invita a su presencia y a su abrazo.<\/p>\n<p>Para la \u00faltima dimensi\u00f3n del camino hacia la fe, quisiera compartir un momento que me impact\u00f3 profundamente. En una parroquia, conoc\u00ed a una mujer que iba a ser bautizada. Llevaba casi veinte a\u00f1os asistiendo a misa los domingos, cuidando de sus hijos seg\u00fan los deseos de su marido, a quien no le importaba mucho. Le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 daba ese paso. Tras varias sugerencias infructuosas, me dijo: \u00abNo entiendo por qu\u00e9, pero lo que sucede en ese altar me afecta profundamente\u00bb.<\/p>\n<p>Con frecuencia, se observa una gran admiraci\u00f3n por los actos de generosidad desinteresada y sacrificio. A menudo, se expresa asombro ante la motivaci\u00f3n que los origina: lealtad, amor, valent\u00eda. Esta mujer reconoci\u00f3 instintivamente que, \u00aben el altar\u00bb, se representaba el gran y total sacrificio de Jes\u00fas, quien lo da todo por nuestra libertad. Aqu\u00ed, el sufrimiento de cada acto sacrificial, cada sacrificio realizado en la vida familiar, en la fraternidad, al servicio de los dem\u00e1s, en el amor fiel, se resume en Cristo y se ofrece al Padre, Se\u00f1or y dador de vida. As\u00ed, el sacrificio y el sufrimiento dejan de carecer de sentido y se convierten en un faro de gracia en nuestro mundo. Y esto nos lleva al don m\u00e1s preciado confiado a la Iglesia: el santo sacrificio de la Misa.<\/p>\n<p>La admiraci\u00f3n por la maravilla y la reverencia de la Misa, as\u00ed como la adoraci\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento, est\u00e1n presentes con frecuencia en los caminos de fe que celebramos en estos tiempos. Quiz\u00e1s el creciente inter\u00e9s por emprender este camino, especialmente entre los j\u00f3venes y los hombres, nos permita comprender las necesidades m\u00e1s profundas que se sienten en nuestra cultura actual. Cada una de estas dimensiones del camino de la fe demuestra que nuestra fe es la \u00fanica fuente s\u00f3lida y el fundamento de una cohesi\u00f3n social duradera y de una cultura que da vida.<\/p>\n<p>Este es, pues, el reto de la misi\u00f3n que tenemos por delante: es profundamente personal, profundamente humana. Es un reto al que todos podemos contribuir a trav\u00e9s de nuestras relaciones y de nuestra propia vida. En su esencia est\u00e1 la persona de Jes\u00fas. El contacto personal con nuestro Se\u00f1or, mediante la oraci\u00f3n y la conversaci\u00f3n personal con \u00e9l, a trav\u00e9s de la liturgia de la Iglesia, es la clave para la renovaci\u00f3n de la fe y su proclamaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, le pregunt\u00e9 a una mujer, casada con un cat\u00f3lico desde hac\u00eda m\u00e1s de veinte a\u00f1os y que ahora buscaba la plena comuni\u00f3n, qu\u00e9 le hab\u00eda llevado tanto tiempo. Su respuesta: \u00ab\u00a1Nadie me lo hab\u00eda preguntado!\u00bb.<\/p>\n<p>Esto tambi\u00e9n merece ser reflexionado.<\/p>\n<p><strong><em>Gracias por leer nuestros contenidos. 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