El Papa a los jóvenes cristianos iraquíes: misión de ser luz en la oscuridad

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(ZENIT Noticias – OMPress / Ankawa, 09.07.2026).- En Ankawa a 8 kilómetros al norte de Erbil, la tercera ciudad más grande de Irak, se ha abierto ayer el “Ankawa Youth Meeting”, un encuentro de miles de jóvenes cristianos de rito caldeo que viven en su día a día situaciones de aislamiento y persecución. El Papa León XIV les ha hecho llegar un mensaje: “Yo estoy con ustedes; la Iglesia está con ustedes”.

El “Ankawa Youth Meeting” es el encuentro cristiano más multitudinario de Irak. Comenzó a celebrarse en 2013, aunque ya al año siguiente se tuvo que suspender por la ocupación de las llanuras de Nínive, donde se encuentra Erbil, por el ISIS y los enfrentamientos que siguieron. A partir de 2018 se ha ido desarrollando a una escala cada vez mayor. El encuentro reúne a miles de jóvenes, llegados también de Bagdad, Basora, Duhok, Kirkuk y Mosul, y se centra en la formación en la fe y en la oportunidad de hacer y sentirse comunidad. Hay actividades culturales, conciertos y visitas culturales. También momentos de oración. En cuanto a los seminarios, talleres y conferencias se suele elegir un tema que sirva de nexo a toda la semana del encuentro y que se ha preparado durante los meses anteriores a nivel local. El de este año 2026 es la misión, y en este tema se centra el vídeo mensaje que les ha enviado el Papa, invitándose a convertirse en luz de Cristo.

“Queridos jóvenes amigos, es un placer saludar a todos los que participan en el Encuentro Juvenil de Ankawa en la Archidiócesis de Erbil. Han venido de diferentes partes de Irak para reunirse en un ambiente de fe y comunión, y ruego que sea una oportunidad para que todos crezcan en la amistad con Jesús y entre ustedes. La juventud es una etapa de la vida marcada por el deseo de hacer grandes cosas y marcar la diferencia en el mundo. En este sentido, me alegra saber que el tema elegido para su encuentro este año es la misión. La Iglesia tiene la misión vital de servir al mundo compartiendo la luz de Cristo y llevando a hombres y mujeres a la comunión con Dios. Ustedes participan de esta misión, y espero que ayuden a moldear la Iglesia –y el mundo– en los años venideros. Como he dicho antes, los jóvenes no solo son el futuro de la Iglesia, sino también el presente.

No siempre es fácil ser luz en el mundo. En efecto, en estos tiempos, están llamados a irradiar esta luz en una situación que a menudo ha estado marcada por la guerra y la inestabilidad. El Señor ha depositado una gran confianza en ustedes al confiarles esta misión, y yo también tengo gran confianza en todos ustedes. Deben ser la luz de Cristo en medio de una oscuridad que, a veces, puede parecer abrumadora. ¡No teman! Y no piensen que están solos en esta tarea. Yo estoy con ustedes; la Iglesia está con ustedes. Pongan su confianza en Jesús; escúchenlo en la oración y a través de la guía de otros, y permítanle que los guíe.

La luz es esencial para la vida en muchos sentidos, y quisiera mencionar tres que pueden guiarte en esta misión. En primer lugar, la luz es necesaria para ver, lo que nos recuerda el don de la fe. La fe en Dios no es un mecanismo para afrontar las dificultades de la vida, sino el reconocimiento de la realidad y el vivir en la verdad, aprendiendo a ver el mundo, a los demás y a nosotros mismos como Dios los ve. Requiere transitar por la vida con el corazón y la mirada fijos en nuestra verdadera patria, sabiendo que Dios está con nosotros aunque no podamos verlo. Tu forma de vivir también debe dar testimonio de tu fe, para que otros puedan ver en ti la verdad y el sentido que ellos también anhelan, y así participar de la misma luz.

El segundo aspecto de la luz es que proporciona calidez, que simboliza el amor. Para ser luz para el mundo, primero debemos participar de la luz y la vida de Cristo. Para participar en la misión, primero debemos descubrir una relación viva con Dios. Debemos conocerlo. Al abrirnos al amor transformador de Dios, recibimos la gracia necesaria para seguir a Jesús y abrazar la vida a la que nos llama. Por eso es tan importante dedicar tiempo cada día a la oración y acercarnos a Dios a través de los sacramentos, especialmente la Confesión y la Eucaristía. Fundamenten sus corazones en el sólido fundamento del amor de Dios por ustedes; descubran el corazón de Cristo y no teman edificar sus vidas sobre él. Al hacerlo, no solo encontrarán la plenitud que anhelan, sino que también podrán compartir la calidez del amor de Dios y el poder reconciliador de su gracia con quienes los rodean.

Finalmente, la luz es necesaria para el crecimiento y la nueva vida, y es imagen de esperanza. Enraizados en la caridad, están llamados especialmente a ser pacificadores, a unir a quienes los rodean y a infundir en los demás la esperanza de un futuro marcado por una paz duradera. Quizás no puedan controlar su situación ni los desafíos que se les presenten, pero siempre pueden elegir permitir que la paz de Cristo reine en sus corazones (cf. Col 3, 15). La virtud de la esperanza nos inspira a mirar hacia el cielo. Esto no significa olvidarnos del mundo, sino tener la confianza para compartir con él la paz y la vida que provienen de Cristo, cuya luz ilumina la Nueva Jerusalén.

Queridos jóvenes, jamás duden de la bondad de Dios y no teman el plan que el Señor tiene para cada uno de ustedes. El profeta Jeremías también tuvo que afrontar momentos difíciles, y él da testimonio de que los planes del Señor son «para su bienestar y no para su calamidad, para darles un futuro lleno de esperanza» (Jer 29, 11). Encomendándolos a la protección y guía maternal de María, Madre de la Iglesia, ruego que durante estos días de renovación espiritual descubran en ella el verdadero ejemplo de una vida plenamente entregada a la gracia de Dios.

Y que Dios Todopoderoso los bendiga a todos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén”.

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