(ZENIT Noticias / Washington, 20.05.2026).- Durante generaciones, el matrimonio en Estados Unidos no fue simplemente un hito personal; funcionó como una institución social central en torno a la cual se organizaban la vida familiar, la estabilidad económica y la crianza de los hijos. Sin embargo, hoy en día, las cifras revelan un cambio profundo. Un nuevo análisis sugiere que las razones del declive del matrimonio en Estados Unidos podrían deberse menos a la disminución de los ingresos que a un cambio en las expectativas sobre las relaciones, la familia y el significado del compromiso.
Según un informe de la Fundación Heritage, las tasas de matrimonio en Estados Unidos han experimentado una transformación drástica en el último medio siglo. En 1962, más del 90% de los estadounidenses se habían casado entre los 30 y los 35 años. Para 2025, esa cifra había caído al 55%.
Con frecuencia se ofrecen explicaciones económicas para este descenso, en particular el argumento de que los salarios más bajos entre los hombres de clase trabajadora han dificultado el matrimonio. Sin embargo, Rachel Sheffield, investigadora que participó en el estudio, argumenta que las tendencias a largo plazo no respaldan completamente esa conclusión.
El informe señala que, si bien los ingresos ajustados a la inflación de los hombres de bajos ingresos y de clase trabajadora disminuyeron durante parte de las décadas de 1970 y 1980, en las décadas posteriores se observaron aumentos y fluctuaciones en lugar de una trayectoria descendente continua. Mientras tanto, el matrimonio continuó disminuyendo de forma constante. En otras palabras, las presiones económicas pueden explicar algunos períodos de cambio, pero no parecen explicar el patrón histórico general.
En cambio, el informe apunta a una redefinición cultural más amplia de la vida familiar.
Un cambio importante se refiere a las expectativas en torno al matrimonio. Las generaciones anteriores a menudo veían el matrimonio como el comienzo de la construcción de una vida juntos; cada vez más, muchos estadounidenses parecen verlo como la recompensa por haber alcanzado ya la seguridad financiera, la propiedad de una vivienda y un determinado nivel de vida.
Este cambio puede parecer sutil, pero representa una alteración significativa en el pensamiento social. El matrimonio se concibe cada vez más como un destino en lugar de un punto de partida.
El informe también argumenta que las actitudes hacia el sexo y la maternidad han evolucionado de maneras que afectan la formación de familias. En las últimas décadas, la cultura estadounidense ha separado cada vez más el matrimonio de la sexualidad y la paternidad. Sin embargo, el impacto no ha sido uniforme en todos los grupos sociales.
Según los hallazgos, si bien las personas de diferentes niveles educativos y socioeconómicos han adoptado en general los mensajes culturales que presentan el matrimonio como opcional, los patrones familiares suelen diferir notablemente en la práctica. Entre los estadounidenses con estudios universitarios, aproximadamente el 90% de los niños aún nacen dentro del matrimonio. Por el contrario, se observan tasas más altas de nacimientos fuera del matrimonio entre las poblaciones de clase trabajadora.
Esta distinción tiene consecuencias que van más allá de la decisión inicial de tener hijos. Los investigadores sostienen que tener hijos fuera del matrimonio puede generar complejidades familiares adicionales que, posteriormente, pueden reducir la probabilidad de contraer matrimonio.
La experiencia estadounidense con el divorcio complica aún más el panorama. Datos del Centro de Investigación Pew indican que aproximadamente uno de cada tres estadounidenses que se han casado alguna vez también se ha divorciado. Si bien las tasas de divorcio han disminuido en general desde la década de 1980, los investigadores señalan que parte de esta disminución puede reflejar cambios demográficos: el matrimonio se ha concentrado cada vez más entre adultos con mayor nivel educativo.
Para muchos observadores, el debate va más allá de la economía o las estadísticas. Las preguntas sobre el matrimonio abordan preocupaciones más amplias relacionadas con la estabilidad social, el bienestar de los niños y la transmisión de valores entre generaciones.
Algunas propuestas políticas surgidas del debate se centran en fortalecer la preparación familiar en lugar de ofrecer únicamente asistencia financiera. Sheffield destacó las iniciativas de educación matrimonial, incluidos los programas en Utah que brindan recursos prematrimoniales e incentivos como licencias de matrimonio con descuento para parejas que completan cursos educativos.
Quienes apoyan estos enfoques argumentan que las escuelas, las instituciones públicas y las instituciones culturales deberían ayudar a los jóvenes a comprender no solo cómo comienzan las relaciones, sino también cómo se mantienen los compromisos duraderos.
El debate en sí refleja una cuestión más amplia que afrontan muchas sociedades occidentales: si el matrimonio se está convirtiendo en una preferencia de estilo de vida privada o si sigue siendo una institución social con consecuencias que trascienden a la pareja.
Las cifras por sí solas no responden a esta pregunta. Pero sugieren que en Estados Unidos no solo se celebran menos bodas, sino que podría estar produciéndose una redefinición más profunda de lo que la gente cree que debe ser el matrimonio.
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